Si no puedes escuchar la música del reproductor:
Da clic en el candadito en la parte superior de tu buscador (Ver información del sitio).
Abre configuración del sitio y busca JavaScript y sonido.
Da en permitir en ambas configuraciones. Recarga la página.
Si tienes dudas, mira este corto video

Nota de un sueño

 Hacía ya mucho que no sentía esto, pero hoy decidí escribir antes de que este sentimiento se disipara.

Normalmente dura unas horas, pero no se si puedo llamarle sentimiento cuando en realidad soy incapaz de sentir algo en este momento.

Quisiera sentir algo, cualquier cosa.

No ha sido como todos los días; no he despertado sudando ni gritando, pero aún así, mi corazón late como si fuera a salirse de mi pecho en cualquier momento.

No desperté con el sudor frío recorriendo mi espalda, ni con las lágrimas rodando por mis mejillas, pero sí con un nudo en la garganta que sentí que no me dejaría gritar incluso si mi vida dependiera de ello.

Desperté de un sueño que me atormenta, como todos los demás, pero este no se desvanece como los demás. Este vino para quedarse, arrastrándose por debajo de mi piel y alimentándose de mi sangre y mis más grandes terrores.

Fue uno de esos sueños repletos de caras conocidas, muy conocidas; fue uno de esos sueños que ocurren en lugares conocidos, en una escuela.

El simple hecho de volver a pararme en ese enorme patio que alguna vez fue mi colegio me helaba la sangre, me volvía vulnerable. Tal vez por eso sueño tan a menudo con mis antiguas escuelas; mi mente definitivamente sabía por donde atacarme.

Mi mente, si, mi más temido enemigo. 

El eterno traidor con el que tendría que convivir por el resto de mis días, un traidor que está atrapado en mi ser como un ave en una jaula, aunque era más bien una sanguijuela, alimentándose de mí porque me necesita para sobrevivir pero aún así sabotea mi existencia.

Por alguna razón, aquel eterno traidor adoraba verme morir. Lo disfrutaba y me aterra decir que lo anhela a día de hoy. 

Me odia, probablemente. Por eso disfruta torturarme en sueños, matarme una y otra vez hasta que dejó de ser efectivo. Hacerme llorar una y otra vez hasta quedar sin razones para llorar. Disfrutaba que la causa de mis terrores fueran rostros en extremo conocidos.

Hoy fui testigo y fui víctima, víctima de mi mente y víctima de amigos y conocidos. 

Este eterno traidor adora hacerme creer que, como él, todos los demás me odian. 

Este eterno traidor adora derramar mi sangre por mano de alguien a quién conozco y probablemente ocupa un lugar importante en mi vida.

Y todo esto usualmente funciona. Despierto con el sudor frío empapando mi frente, mi corazón a todo lo que da, la respiración entrecortada y con las lágrimas mojando mis prendas.

Pero hoy no. Hoy he despertado como quién ha hecho el amor y al despertar se da cuenta de que todo fue un error. He despertado como un fantasma. 

Todo me duele y al mismo tiempo no siento dolor.

Hoy veo a ese eterno traidor como un amante por el que he perdido todo el amor que sentía. Despierto como si despertara de un matrimonio en el que toda la pasión se ha perdido y me doy cuenta de que la chispa no volverá a encenderse.

Hoy, este eterno traidor me ha privado de lo que me ata a mi estado de conciencia: mi sentir.

Grito internamente pero de mis labios sale un suspiro y nada más. Elevo la vista con esperanza de que mis lágrimas caigan en consecuencia. Nada.

Busco sentir algo, algo que me haga liberarme de este sueño que distorsiona mi realidad. 

Sé que he despertado y aún así me siento como quién es consiente de su ensoñación.

Me muevo automáticamente, casi sin consciencia, como un espectador. El amargo sabor del sueño que me atormenta inunda mi boca.

Me recuesto sobre la cama, con la esperanza de comprender el significado de mi sueño o morir.

Entonces abro los ojos y lo primero que veo al despertar es el techo. Lo contemplo como si todas las respuestas estuvieran en él. 

"No lo entiendo" digo para mí y para mi soledad.

 Esas palabras resuenan en mi eterna desesperación por comprender a un traidor que ha decidido abandonarme en mi ignorancia cuando le necesito.

Entonces, las lágrimas inundan mis ojos y corren por mis mejillas.

Sigo con vida.


Comentarios

Entradas populares de este blog

Ceder a la carne

Caída

La Musa