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Caída

Y mirando hacia arriba 
Observé el cielo alejarse 
Y esperando mi partida
Sentí el viento susurrarme
Abrazando mi cuerpo entero
Pronunciando en mis oídos un último adiós.

Permanecía aún en las palmas de mis manos
La huella fría que dejaron en los barrotes helados
Aquel último contacto con mi vida pasada.

Espero sentir la euforia que hace tanto necesito,
Algo que parara con el eterno vacío en mi alma.
Espero un poco de vida y a la Muerte por ella suplico.
Ella, dama necia, no me sana,

Me ha enamorado,
Segura ella de que correría a sus brazos.
Me ha enamorado,
Segura ella de que suplicaría como un gusano.
Me ha enamorado,
Segura ella de que mis súplicas serían en vano.

Como un pecador arrepentido suplico a la desesperanza, amiga única,
Que me tienda sus brazos como una madre,
Que me abrace y me esconda en su túnica
Rogando que me perdone por olvidar mi lugar a su lado.

Pero he sido abandonado por ella y todos los dioses.
Las lágrimas caen.
No son saladas ni dulces:
Son simples, artificiales y vacías.

Espero el impacto mientras pasan los segundos y me vuelvo uno con el viento.
Soy sangre y soledad esperando volver a la tierra.
Cierro los ojos y lo siento...
Pero no siento el impacto de mi caída.

Mis ojos, aún ahogados en lágrimas,
Se abren, y me recibe el algodón de mis sábanas y el vacío techo de mi habitación.


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